Ayer hace dos años llegue a la perla tapatía, acompañado de 2 compañeros de carrera (uno que apenas conocía de vista y otro que jamas había oído mentar) aterrizaba la noche lluviosa de un sábado en el aeropuerto de guadalajara: con algo de miedo por que estaba dejando mi antiguo y seguro trabajo y mi familia a 1,200 km al norte del país. Creo poder decir que a 2 años de diferencia que las cosas han salido bien.

Basilica de Zapopan, muy cerca de casa

Ha sido una larga y a veces difícil curva de adaptación en todos los sentidos.  A pesar de ser el mismo país las diferencias culturales y las costumbres son muy diferentes, muchas cosas que llegue rechazando tajante mente ahora se han vuelto parte de mi, he logrado adaptar algunas costumbres locales como propias. La comida, las costumbres, la vida de esta caótica zona metropolitana se han vuelto parte de mi.

En el trabajo sigo creciendo y sigo aprendiendo. Soy por mucho un mejor profesionista de lo que era hace dos años. Con una perspectiva acerca de Linux y el software libre un poco mas madura  y seria. Ya no se trata de ser un taliban softwarelibrista sino de tener una percepcion mas especifica y util de lo que se tiene que hacer y como se va a hacer. Falta mucho por aprender y falta mucho por afinar, pero desde luego estoy en el lugar correcto cerca de la gente correcta.

 

Hablando de gente. He conocido personas que han desafiado y han cambiado mi forma de pensar en muchas cosas. Unixeros de la vieja escuela que redefinieron lo que es ser un BOFH y gente que me ha impresionado con su capacidad y dedicación para hacer las cosas, incluso aquellas que solo son un hobby. De aquí veo que la gente de la que nos rodeamos si nos influencia en uno u otro nivel, en estos 2 años he partido mas proyectos y tenido mas éxitos en ellos que en los anteriores 5 años.

Mi familia ha crecido, en Guadalajara nació mi segundo niño. He comprado un auto, he comprado ropa, he comprado muebles, he pagado impuestos. Mi familia y yo nos hemos adaptado a la vida de esta ciudad. Mi esposa sigue feliz en su trabajo (logrando sus propias metas, cosechando sus propios éxitos), mi hijo mayor esta aprendiendo a hablar con acento tapatio, y salvo uno u otro ataque ocasional de añoranza mi familia siempre ha estado feliz de estar aquí.

 

Pues así las cosas. El barco sigue viento en popa. Falta mucho camino por recorrer, pero la ruta se ve clara.